¿Y tú de quién eres?
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Maria Valero 15 MARZO 2017 ,

Entre 1 y 1 millón de veces. Sin pillarme mucho los dedos (lo sé), vaticino que entre ese rango de veces has escuchado lo de ¿y tú de quién eres? Quizás lo he interiorizado tanto a lo largo de los años que tenía ya la respuesta perfecta, telegrafiada, milimetrada y que no diera lugar a dudas: ¿Yo? Nieta de Paulino “el del vivero” y de la Petra pincha.

Tú lector joven, seguro ni sabrías que había un vivero, que había un señor encargado de él y mucho menos sabrías que ni era de Cantalejo, sino de Cobos de Fuentidueña, pero que curiosamente era más conocido que su mujer, Petra, que sí era originaria de Cantalejo.

Tengo la ligera sensación de llevar muchos años sin escuchar esa pregunta. Y no solo no escucharla hacia mi persona, sino de no escucharla en general. Algo tan de Cantalejo (y supongo que de casi cualquier pueblo, pero estoy segura que no con esa entonación tan característica y cariñosa) que siento una mezcla de pena, nostalgia y rabia al no escucharla.

Quizás responde a la propia evolución, quizás es lo que tiene que ser y no hay que darle más vueltas o quizás es que me conoce tanta gente que ni siquiera hay que preguntarlo (esta última opción la descarto por completo). Y es en este punto en el que yo me pregunto… ¿Ha pasado tanto tiempo? ¿Tan rápido?

Hace “dos días” estaba correteando en mi calle mientras las abuelas jugaban a las cartas, al ‘julepe’ (jamás aprendí a jugar lo confieso). Hace poco quedábamos en el depósito (antaño no rodeado por un muro infranqueable) para entregarnos al beso (¿se puede decir esto aquí?).

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No hace tanto que nuestro mayor objetivo era el de reunir 500 pesetas y poder invertirlas en las colchonetas en fiestas (¿Os acordáis de ese castillo hinchable amarillo y rojo con una bola infernal en el medio?) o en un buen puñado de chucherías nocturnas en el kiosko de Lucía (aún recuerdo lo ricos que me sabían esos helados de vainilla de a 25 pesetas).

Tampoco hace tanto tiempo de aquellos retornos a Madrid tras un largo (y apasionante verano) con un marcado, marcadísimo acento cantalejano.

Y todo eso ya no está, ni apenas se recuerda, solo vagabundea en la nostalgia. Apuesto a que los recuerdos de los más jóvenes poco tienen que ver con esto. Serán igual de especiales y únicos, pero poco tendrán que ver con esto que inunda mi mente cuando miro atrás.

Ojalá pudiéramos mantener vivos los recuerdos de la niñez, hay veces que incluso desearía volver al pasado, todo era bonito, inocente y rodeado de mucha luz y despreocupación.

Ojalá alguien me vuelva a preguntar ¿y tú de quién eres? Y yo volver a sonreír y a tener mi respuesta perfectamente preparada, lista para ver cómo la otra persona sabe, recuerda y conoce de dónde vengo y por quién estoy aquí.

¿Verdad majo/a? (Y es que lo de majo/a daría para otra entrada en la sección).

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