Las inolvidables navidades en Cantalejo

Maria Valero 18 DICIEMBRE 2017 ,

Es ese olor a chimenea el que me hace volver a tiempos de felicidad. Ese humo saliente que indica calor y hogar. Ese invierno frío paseando por cada calle, susurrando Navidad por cada esquina.

Se acerca, pronto llegan esos días de luces, brindis y familia. Esos días de echar de menos, y en algunos casos, de echar de más. Días de mezcla de sensaciones, de alegría y tristeza, de deseo de fin o de deseo de continuidad perpetua. Hay para todo y para todos.

Las navidades en Cantalejo eran especiales y quiero pensar que lo siguen siendo, a pesar de
que yo ya no las viva allí. Quizás no era por el plan, quizás no importaba el frío.

Quizás tenía que ver con la gente, por lo que significaba estar en Cantalejo. Y es que pasar las navidades en en el Vilorio representaba la unión, la vida y la felicidad. Recuerdo perfectamente cómo empezaba todo, la odisea de llegar allí por el puerto de Somosierra, ¿había que ir con cadenas? Pues no había cadenas, a la aventura, algún año entre atrapados por la nieve y salir a empujar el coche unos metros estuvo el juego… Tras las aventuras y desventuras del viaje, ver a lo lejos los semáforos y las piscinas al fondo lo cambiaba todo.

Llegaba para pasar 10 días mágicos. Llegar a casa de mis abuelos, abrazarles y sentir que
estabas a salvo del gélido frío. Tras el reencuentro familiar, venían otros reencuentros, el de tus amigos, la familia que eliges. Y hablo de tiempos en los que la adolescencia imperaba, pero a día de hoy me sigue haciendo la misma ilusión reencontrarme con amigas y amigos en un encuadre incomparable: Cantalejo.

De pequeños los reencuentros se producían cuando ibas a buscar a cada personita a su casa y al final el plan era ir a comprar chucherías y estar en algún parque. Después, el reencuentro se produce en un bar, entre cantidades ingentes de pipas y alguna que otra bebida con graduación alcohólica (pequeña o grande, según los gustos, preferencias y hora del encuentro).

Es esa sensación de ir abrigado hasta las orejas, entrar en el bar donde está tu gente, sobrarte capas y capas de ropa, empañársete las gafas (si las hubiera), ponerte al día con los tuyos y no
parar de sonreír. De saber que todos estáis ahí con el mismo motivo, disfrutar de la Navidad de la familia y de los amigos. Que sí, que habrá gente a la que le guste más la Navidad y a otros que les horrorice, pero al final el resultado es el mismo, compartir y vivir.

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Si sigo tirando de recuerdos, me viene a la mente el tradicional menú de nochevieja, y con tradicional digo INAMOVIBLE, motivado por “la suerte” que daba tomar un alimento u otro. Y es que las sopas de ajo eran plato obligado, “las sopas de la suerte” decían. El cordero era el otro imprescindible de la mesa, eso sí, mesa repleta de otros manjares venidos del mar, unos con bigotitos y otros con cáscara ruda, supongo que sabéis a qué me refiero. Otros alimentos como canapés o embutidos de primer nivel también hacían su aparición. Y qué me decís de ese limón cortado de forma artística con picos? Todos lo habéis tenido sobre la cama de langostinos, gambas y/o derivados… Sin menospreciar esa bandeja de turrones, mazapanes, polvorones y peladillas (que por cierto, nadie se come, nadie las compra y nadie sabe de dónde salen pero ahí están sin hacer daño a nadie ni ser comidas, misterios del universo). ¿El menú se parece al de vuestras casas? Contadme qué es tradición en vuestra mesa en navidades.

Y es que es momento de lambrusco, de villancicos, de turrón (los hay que prefieren el duro, otros el blando y otros solo el de chocolate), de ver el magnífico Belén que cada año se monta en la iglesia, de celebración tras celebración, de petardos para los más pequeños (poned atención a la seguridad al manejar pirotecnia por pequeña que sea, además tened en consideración que animales como perros y gatos lo pasan especialmente mal con este tipo de explosiones…).

Nochebuena, Nochevieja, Reyes… Que sí, que se repiten cada año (llamémosle ciclo vital) pero
cada vez tienen un componente diferente, algo que lo hace si no especial, sí memorable, lo recuerdas por algo o alguien que te movió algo por dentro.

Ya no vivo las navidades en Cantalejo, pero seguirán en mi recuerdo y ojalá vuelva, seguro que vuelvo. Hay una canción de La Maravillosa Orquesta del Alcohol titulada “Héroes del sábado” que dice “estas calles son distintas, de aquí no se va el invierno” y eso es Cantalejo, algo distinto que no se va de mí ni en invierno ni aunque no disfrute de sus calles heladas con chimeneas humeantes.

 

– María Valero –

 

 

 

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