En Cantalejo ya no se sale de noche
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Maria Valero 21 JUNIO 2017 ,

Que no, que la noche en Cantalejo ya no es lo que era, que no te engañen. Y eso lo sabemos tú, yo y aquellos que tienen un local donde la lujuria nocturna se da cita con el alcohol y gente entregada a la causa.

Pero no. Hay algo que ya no funciona. Que lo que antes nos fascinaba, ahora es algo normalito y sin ningún ápice de atractivo.

Que los empresarios se esfuerzan por hacer de la noche en Cantalejo algo diferente, pero que no te vuelvan a engañar, en un 30% por ti, y en un 70% por ellos (es un negocio).

Que cuenta la leyenda que había un lugar llamado “las cuatro carreteras”, en el que hordas de personas se aglutinaban en la calle, donde coches y camiones tenían que esperar a que se movieran y dejasen paso. La misma leyenda que cuenta que el Pifa, Rompeolas, Columpio, Cuadro, y El que faltaba llenaban el aforo cada noche. Pero lo cierto es que las cuatro carreteras han pasado a mejor vida en lo que a ocio y disfrute se refiere, aquella época solo queda en la memoria de algunos (los más mayores, sin ánimo de ofender a nadie). La última bocanada de aire la dio el Pifa, un rincón donde el rock tenía su espacio junto a una bebida espirituosa llamada “tócame los huevos”.

Hubo un conato de segunda época dorada cuando varios jóvenes se lanzaron a la aventura hostelera poniendo de nuevo en marcha el Cuadro y El Columpio, y a modo de “after” el Rompeolas. No estuvo mal, recuerdo monólogos de risas infinitas en el Cuadro y nocheviejas en un Columpio abarrotado. Diré que no recuerdo ninguna mañana agónica en el Rompeolas, porque una siona es buena chica y no alterna tanto… (o sí). Quien me haya visto allí, que hable ahora o calle para siempre. Pero eso ya fue, ya pasó.

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Como también pasó lo de encontrarse la plaza llena de gente cada día en fiestas, de 11 de la noche a 5 de la mañana. Eso ya solo queda relegado a orquestas que dicen de “renombre”, que no talento (esto ya es un opinión personal que expondré otro día cargada de argumentos).

Que hoy por hoy, la fiesta en Cantalejo se reduce a dos bares. Dos, uno y dos. Que lo de que vinieran dj’s de renombre nacional es solo parte de los logros, y del pasado. Que de remembers no vive el hombre, y tampoco lo hace el bar.

Pero una cosa no quita la otra, alabo el esfuerzo de los empresarios por intentar hacer de la noche cantalejana lo que una vez fue, desde luego sin eso aún serían menos las personas que se lanzan a la pista y a la barra a bailar y beber (y quizás no necesariamente en ese orden). Porque tampoco nos engañemos, en Cantalejo se bebe y mucho. Cualquiera que hemos llevado a gente a Cantalejo, sabemos que no han ido capaz de seguir el ritmo y han pagado la novatada. Es todo un ritual.

Mezcla de sensaciones la que hoy por hoy me provoca la noche en Cantalejo. Parece un querer y no poder, esfuerzos de los empresarios que quizás no obtienen la recompensa esperada. Habrá que esperar y tener la esperanza de que las cosas vuelvan a su ser.

Lo dicho, viviremos de recuerdos o de presentes nuevos nocturnos, quién sabe. De momento, me alegra saber que “el raspao” es un invento divino briquero que sigue vivo.

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