¿De Cabezuela? No gracias
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María Valero 18 JULIO 2017

Antes de que ganarme la enemistad de los cabezolanos y que me hagan la cruz de por vida, diré en mi defensa que mi experiencia como redactora me dice que si un titular no es lo suficientemente atractivo nadie te leerá a sabiendas de que el contenido sea muy bueno (suponiendo que estos artículos lo sean).

Hoy vengo a hablaros de la rivalidad entre pueblos. Rivalidad, dícese de la “enemistad producida por emulación o competencia muy vivas” según el diccionario de la Real Academia Española. ¿Existe? ¿Habéis sentido esa rivalidad? ¿Ha habido conflictos reales?

Cantalejo VS Cabezuela, Cabezuela VS Cantalejo. Y digo Cabezuela por decir uno, pero pueblos hay miles. Si os soy sincera, jamás he notado una rivalidad tal, ni con Cabezuela ni con ningún otro pueblo cercano. Quizás porque Cantalejo es el “centro de operaciones”, y cuando hablo de centro de operaciones me refiero a un pueblo grande con todas las prestaciones al que acudir cuando se necesita algo (nótese que aunque no haya rivalidad, sí hay defensa férrea).

Recuerdo cuando mi madre me contaba la de amigos y amigas que tenía de otros pueblos y lo que le gustaba que así fuera, particularmente recuerdo cómo me hablaba de Nieves, de San Pedro de Gaíllos (mujer de Siso por si no la ubicáis), y de lo mucho que se reía con ella (si bien es cierto que por carácter de una y de otra era imposible que se llevaran mal).

El colegio y el instituto fue la clave, el conector, el nexo necesario. Ello unido al hecho de que hay muy buena gente por el mundo, conciliadora y con ganas de conocer a las personas más allá del lugar de procedencia.

Y este es solo un ejemplo de cientos. Decidme vosotros si no hay gente que os ha marcado en vuestra trayectoria vital que fuese de otro lugar. Decidme si no hay miles de personas que se enamoraron de aquella persona del pueblo de al lado.

Y aquí lanzo mi reflexión, ¿tu lugar de nacimiento o crianza te define? ¿Marca tu carácter? ¿Guía tu forma de relacionarte?

Quiero pensar que no. No debería, o al menos en los valores esenciales. Vivimos en un mundo plural, multicultural en el que incluso se llega a hablar de poliamor (para los que no sepan qué es, os invito a preguntar a Sr. Google), como para dejarnos llevar por una localidad. Si fuera así, yo misma sería rechazada por una ciudad como Cantalejo. “Los de Madrid…bla bla bla” “De Madrid tenía que ser…”. Cuántas veces habré oído estas expresiones.

Importan las personas. Sus actos, su forma de sentir, de pensar, de tratar. No importa mi piel, mi idioma. No importa si eres de Cabezuela, de Sebúlcor, de Fuenterrebollo, de Aldeonsancho, de San Miguel de Bernuy, de Duruelo, de Valdesimonte, de San Pedro de Gaíllos, de Pedraza, de Prádena, de Turégano, de La Puebla, de Riaza, de Sepúlveda, de Rebollo, de Veganzones, de Lastras, de Navalilla, de Muñoveros y así podría estar eternamente nombrando lugares.

Importamos tú y yo. Y si no es así, no me interesas, no me interesa tu forma de pensar ni tu forma de tratar a la gente. Espero no se me mal entienda, empiezo a estar demasiado expuesta a la crítica y las dobles lecturas de una misma cosa tienen cierto peligro. Lo que quiero decir es que la rivalidad la dejamos para los deportes por ejemplo y que sea siempre sana, competitividad. Que aquello de “se pegaron los del pueblo de tal con los de tal otro pueblo” sea solo cosa del pasado, que no compensa.