9 cosas que sabrás si has pasado un verano en Cantalejo
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Javier Moreno 03 JULIO 2017

Pasen los años que pasen siempre hay cosas que generación tras generación persisten en los veranos de Cantalejo. Situaciones, objetos, personajes que nunca cambian, que son como la energía ni se crean ni se destruyen… se transforman y siguen cada verano intactos.

1. El verano en Cantalejo, paraíso de libertad. Con 10 años andas correteando por la plaza, comprando chuches en la pastelería, sentado en la puerta situada justo al lado comiéndote hasta el último granito de azúcar que queda en la bolsa mientras echas unas risas con tu amigos. Más recientemente el lugar que hemos elegido para para estas reuniones ha sido el parque 100, tirados en el césped aunque sean las 3 de la mañana. Algo paradójico porque, cuando regresabas a la ciudad, llegar después de la medianoche suponía una titánica labor de negociación con tus padres.

2. La gente sabe tu vida, aunque haga años que no pasas por allí. Antes no había facebook pero todo el mundo estaba al tanto de cada paso de tu vida. Si había algún despistado que no te ubicaba simplemente con preguntar “¿Y tú de quién eres?” ya sabía toda tu vida.

3. Las vacaciones realmente no son vacaciones si no pasas por lo menos una semana en Cantalejo. Y es que todos cuando somos pequeños pasábamos todo el verano en casa de los abuelos. Pensábamos que nuestros abuelos eran los mejores del mundo (y lo seguimos pensando) mientras íbamos a andar con ellos al depósito cruzando un mar de pinos y naturaleza. Lo más llamativo es que  nos parecía que estaba lejos de la civilización. Cuando nos hacemos mayores y por causas laborales ya no podemos pasar allí los meses de julio y agosto intentamos por todos los medios reservar una semana para estar allí con los amigos, generalmente la semana de fiestas.

4. Las cicatrices con más historia te las has hecho en Cantalejo. Esto es una verdad universal, siempre las mayores locuras han ocurrido en el Vilorio. La caídas y golpes, las aventuras que dejan marca en nuestro cuerpo… Siempre vamos a tener un recuerdo en la piel que nos recordará toda la vida el verano en Cantalejo.

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5. El medio de transporte por excelencia: la bicicleta. Íbamos en ella a todas partes. Sin lugar a duda esto es una realidad y es que un verano en Cantalejo sin bicicleta no era un verano. A las piscinas, a la plaza, al rió barrio, a los barrancos, a las vaquillas de cabezuela, a campo de golf, a la Molinilla… siempre en bici si o si.

6. Las peñas, centro de reunión. Ya sea un garaje, una casa abandonada, una cabaña echa a mano o un cuchitril, pero teníamos y tenemos un local donde pasar gran parte del tiempo y reunirnos con los amigos. Hoy en día nos hemos vuelto mas señoritos y tenemos peñas que son mejores que nuestras propias casas en algún caso pero pasamos primero por el cuchitril y seguro que aún recordamos todos alguna anécdota de esos tiempos.

7. El verano: una gymkana de fiestas patronales. Tienes a tus espaldas muchos kilómetros a través de carreteras secundarias para seguir a tus orquestas de cabecera como si fueran los Beatles. Orquestas que tienen nombres como Pikante, La Huella o New York y que tocan Chiquilla, Rosendo y Mago de Öz. Recorremos cada fin de semana los pueblos vecinos como Fuenterrebollo, Cabezuela, Sepúlveda, San Pedro, Turégano, Sebúlcor y un sin fin de localidades en los que sea el día que sea siempre hay algún Briquero presente.

8. Tienes un mote originario de Cantalejo. Ya sea por alguna anécdota, por algún mote heredado o por alguna característica tienes un mote por el que todo el mundo en el pueblo te conoce.  Todo el mundo tiene uno y si tu dices que no lo tienes es porque no te has enterado aún.

9. En Cantalejo no necesitas quedar con nadie. De pequeños íbamos a la plaza o al parque, más adelante a una peña en la que por lo general siempre hay gente o al bar… da igual pero si quieres salir sales y siempre encontrarás a alguien con quien pasar un buen rato.

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